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jueves, 14 de agosto de 2014

Robin Williams, un Genio genial.

Desde que el pasado 11 de agosto falleció Robin McLaurin Williams a los 63 años, llevo dándole vueltas a la idea de asimilar esta nueva situación. Esa en la que Peter Pan, la Sra. Doubtfire, el Profesor Keating, el Genio, Sean Maguire, Popeye o Patch Adams no son más que DVD's en mi estanteria, por que el actor que me ha acompañado durante toda mi infancia, ha fallecido. Ese actor de mirada sincera y sonrisa picarona, de gran talento interpretativo, y cercano a los espectadores (cuesta mucho encontrar alguien que lo odiara). Ese actor depresivo y atormentado por las adicciones en alguna que otra etapa de su vida, pero que con su humor y vitalidad nos marcaba para siempre.


No pienso hablar de los detalles escabrosos de su trágica muerte, ni tan siquiera voy a escribir su obituario. Tan solo me apetece expresar lo que siento en voz alta.


Robin Williams era un Genio (dentro y fuera de la pantalla), y como la mayoría de genios, la sociedad, la industria y el mundo en general, no están preparados para “correr a la misma velocidad que él”. Siempre iba unos pasos por delante, siempre destacaba o era la nota discordante, lo “distinto”. Y eso, queridos cinefrikis, tiene un precio. Lo tiene en la sociedad en general y, más alto si cabe, en Hollywood en particular. Es en ese momento cuando el pez que se muerde la cola, empieza a morder en forma de adicciones y excesos para poder soportar esa “diferencia discordante” vital. Y esos excesos
no hacen más que aumentar las diferentes velocidades. 

Por supuesto, esta situación no puede acabar más que de dos maneras... mal o fatal.


Los grandes genios muchas veces (por suerte, ya que si no acabarían siendo sociópatas, o peor aún, psicópatas) encuentran la manera de expresar esa genialidad mediante el arte: Mozart, Goya, Cervantes, Picasso... Pero se ve que a la industria del cine eso no le va bien, y el sistema que tiene montado se basa única y exclusivamente en propósitos comerciales y monetarios. Y para alguien tan especial como un genio, es difícil de asimilar, y sobrellevar. Hay quienes aguantan mucho, hay quienes desisten y acaban abandonando, y hay quienes superados y devorados por su propia genialidad, nos dicen adiós y generosamente nos dejan el legado de toda su carrera. El último genio nos dejó el pasado día 11 y se llamaba Robin Williams, pero antes que él hubo muchos otros: Philip Seymour Hoffman, Marylin Monroe, Natalie Wood, River Phoenix, Montgomery Cliff, Judy Garland, John Belushi, James Dean, Tony Scott, Heath Ledger, Brittany Murphy, Bruce Lee...


A todos los echaremos de menos, pues el mundo anda necesitado de genialidad. Pero por suerte siempre tendremos sus películas para recordarlos.


“¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!” Tu Genio por fin es libre de verdad. Vayas donde vayas podrás seguir gritando a pleno pulmón “¡Buenos días Vietnam!”. Y sé que “no sé muchas cosas, pero esto, esta mierda... No fue culpa tuya.”


Gracias Robin.



Parker.

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